Obbatalá: El principio generador masculino.

El mes pasado un ahijado molesto conmigo, me envió un mensaje personal con las intenciones de ofenderme, acto razonable dentro del marco de la filosofía de Ifá de este lado del Atlántico, pues afirma un refrán del signo Otrupon Bekonwá que: “un bien con un mal se paga”. Pero de la vil nota, me llamó la atención una frase amenazadora: “Obbatalá ya habló y esta vigilante de todo”. La gran mayoría de los sacerdotes yoruba venezolanos, están sumidos en la superstición y la ignorancia, condición derivada de una larga comunión con el fundamentalismo. El creer que Obbatalá se posesiona de una persona y que por su boca salen verdades universales, es un fragmento de esa ignorancia supina, que amenaza con tragarse de un bocado lo poco que pueda quedar de la fe ancestral en los Dioses yoruba; y es que la yoruba, es una religión de destino y toda concepción fuera de ese dogma, la desvía de su función primordial. El destino integral del hombre está escrito en las estrellas y su lectura no es tarea para sacerdotes novatos, ni para plataneros que disfrazados con trajes que remedan a los Dioses yoruba, pretenden a través de revelaciones místicas atemorizar o manipular a los adeptos de esta religión, y que de buena fe creen en lo que dicen. La arrogancia de aquellos que compran el sacerdocio de Ifá y que en un momento dado pretenden igualarse a los pocos sacerdotes yoruba que se han dedicado a profundizar en sus oráculos y su manejo, son los que en su gran mayoría lo están degradando, al convertirlo en el acto de arrojar una moneda al aire, y lo que es peor aún, sin saber que las respuestas si y no que reciben del oráculo, en un número limitado de lanzamientos se equilibrarán; así que si se les parte una uña, rápidamente le preguntan a Ifá, si es que otro sacerdote yoruba les está haciendo brujería, pero jamás le preguntarán al oráculo de Ifá, si los sucesos negativos que ocurren en su vida, son consecuencia de sus propios procesos mentales.



Para comprender lo que es Obbatalá y la influencia de sus energías en nuestras vidas, tenemos que desprendernos de la pesada costra de fundamentalismo que nos ha postrado la razón. La mala interpretación y la falta de un análisis serio de la mitología yoruba de la diáspora africana, nos ha sembrado en la mente, una imagen de Obbatalá que raya en el fetichismo puro; es por eso que para entender realmente a este Osha, se debe acudir a un concepto superior. Los actuales sacerdotes yoruba, suelen repetir como loros que: "Obbatalá es el dueño de todas las cabezas", pero muy pocos conocen la razón de este popular refrán. El primer principio universal es el del mentalismo, el cual reza: “El TODO es mente, el universo es mental”. Esta primera ley universal está plasmada en el signo de Ifá Babá Ejiogbe, el cual describe como Oloddumare, creó al universo proyectando su voluntad y de la unidad se generó la multiplicidad, fenómeno que ocurrió en el plano mental primero y luego se concretó en el material. No obstante, y en virtud del principio de correspondencia (segunda ley universal), el hombre fue creado a imagen y semejanza de Oloddumare, tarea que correspondió en la mitología yoruba a Obbatalá, el cual bajó del cielo a la tierra en el signo de Ifá Oshé Ofún, portando en su mano derecha un pergamino que contenía las siete leyes universales y que son en su conjunto, la manifestación de Oloddumare.



La fuente de la energía irradiada por Obbatalá se halla en el planeta Júpiter; pero ¿dónde se concentran estas energías en el ser humano? Pues en el sistema cráneo encefálico descrito en el signo de Ifá Ogbeate ; de manera que los dos hemisferios cerebrales y el cerebelo, reciben en pleno las energías de Obbatalá y que en su conjunto representan la mente del microcosmos, la cual emula a la mente de Oloddumare. Sin embargo, la única manera de saber lo que genera la mente de una persona, es conociendo sus procesos mentales, los cuales son perfectamente descritos en el Itá de Obbatalá y por eso me referí anteriormente, a que los oráculos yoruba no son asunto para recién llegados a Ifá, quienes solo se complacen en la adivinación y no en el análisis de la esencia de los signos del oráculo yoruba. Si usted quiere saber los procesos mentales de un sacerdote de esta religión, pregunte por lo que porta en Obbatalá, pues un examen minucioso de los signos, le revelará que piensa realmente, y si usted quiere ir más allá, pregunte por los signos del Itá de Shangó, ya que afirma el signo de Ifá Irete Ansá, que en el corazón del hombre reside el “Orí” y el corazón y la mente en el individuo, están indisolublemente conectados y dan a través de los signos de Obbatalá y Shangó en el Itá de Osha, un gran fresco de lo que realmente se es como persona.



La séptima ley universal es el principio de generación, el cual reza: “La generación existe por doquier; todo tiene sus principios masculino y femenino; la generación se manifiesta en todos los planos”. Este axioma de la filosofía hermética, nos revela que Obbatalá es el principio generador masculino, y que actúa esencialmente en el plano de la mente del hombre; así que al igual que Oloddumare y en concordancia al principio de correspondencia “como arriba es abajo; como abajo es arriba”, somos los creadores en nuestro micro universo; pero el problema radica en la calidad de lo que pensamos, pues como afirman los tres iniciados en su texto El Kibalión: “Para el ruin todas las cosas son ruines, pero para el puro todas las cosas son puras”. Es por eso, que el desconocimiento de las leyes universales que Obbatalá trajo en su puño y la ignorancia de creer que nuestra vida está centrada sobre el “Yo”, es lo que nos genera los desagradables sucesos que nos ocurren y que en nuestra soberbia atribuimos a los demás; por eso los mensajes ofensivos que mi ahijado me envió y envió a otros para tratar de enlodarme y así justificar su errada conducta religiosa, no me preocupan en lo absoluto, pues los genera en su mente, y Obbatalá no necesita hablar a través de un caballo, ni vigilar a nadie, pues el sexto principio universal (Ley de causa y efecto) que Obbatalá trajo en su puño cuando bajó a la tierra, es la ley que nos sanciona o nos premia por nuestros actos, pues si algo he aprendido en más de una década en Ifá, es que podemos quebrantar las leyes universales, pero no las consecuencias que se derivan de tal acto.


Rubén Cuevas
Olúo Ojuani ni Shiddí

PS : Pido disculpas a los lectores de Ifapagano por suspender los comentarios a este artículo, pero como pueden darse cuenta, mi ahijado Obara Keté quiere convertir el blog de ifapagano en una zona para insultos y vilipendios.