Ifá el reflejo del cielo astrológico

El Oráculo de Ifá

Marzo, 2008

 

Ifá y la espiral de Fibonacci (parte final)

Si es verdad lo que afirma Abimbolá en cuanto al número de historias de Ifá existentes, y estas se generaron a lo largo de XIII siglos en el ejercicio de Ifá, vuelvo a formular la pregunta ¿Cuántas historias se han generado en la diáspora africana? Resulta ridículo, que los sacerdotes tanto del tradicionalismo como de la diáspora africana, afirmen tener la verdad de Ifá a través de sus versos y sus historias mitológicas; repito, traten de comparar el numero de historias existentes hoy día, con el número que deberían de existir según la espiral de Ifá; y es que el oráculo de Ifá es un sistema finito, pero resulta muy grande para el ser humano y miles de generaciones habrán de pasar antes de que un sacerdote termine de escribir la última historia en Ofunshé y pueda gritar " se acabó Ifá "

El signo de Ifá Endibere es bien claro al respecto cuando afirma: “ que los sacerdotes escriben las historias de Ifá, para estudiarlas en el momento apropiado”, pero los fundamentalistas se empeñan en decir que ya todo fue escrito por nuestros mayores. Ifá no puede ser contenido en la cabeza de un hombre, ni siquiera por los habitantes de una nación o por todos los que habitamos en el planeta tierra, solo puede ser contenido por un colectivo llamado memoria de los muertos, y es que cada generación, portará en su memoria la fracción de Ifá que le corresponda en la espiral, y cuando el último pueblo que practique Ifá se extinga, el conocimiento no se perderá, estará completo en la memoria colectiva de la humanidad y quizás la espiral de Ifá resurja nuevamente en razas primitivas ¿quién puede desentrañar los planes de Oloddumare?

Por eso resulta infantil que una asociación de sacerdotes de Ifá, sean tradicionalistas u ortodoxos de la diáspora africana, traten de arrancar la semilla que germina entre sacerdotes libre pensadores, para ellos nadie es capaz de escribir historias que describan las diferentes manifestaciones de las energías de Ifá y menos si no pertenecen a una nacionalidad determinada; cuando la realidad es que Ifá no le pertenece a ningún colectivo en específico, y esto quedo plasmado legalmente al declarar al oráculo de Ifá patrimonio intangible de la humanidad en el año 2005. Para finalizar daré un ejemplo; ya no recuerdo quién me envió esta historia por correo, no importa, igual la tomaré y le sustituiré sus personajes por Orichas y luego la insertaremos en un signo de Ifá.

Cito:

El ruido de la carreta

Cierta mañana, Orunmila fue a recoger hierbas al bosque e invitó a uno de sus aprendices. Eran las siete de la mañana, y los rayos del sol empezaban a reflejar entre los árboles, Orunmila se detuvo en una curva del camino y después de un pequeño silencio le preguntó al discípulo: ¿además del aletear y cantar de los pájaros, escuchas alguna cosa mas? El alumno aguzó el oído y le dijo: si maestro, escucho el ruido de una carreta; es cierto le contestó Orunmila y además viene vacía; ¿cómo sabe maestro que viene vacía? le preguntó el alumno, es fácil le dijo finalmente Orunmila, " mientras menos cargada viene, más ruido hace ". El alumno creció y se hizo sacerdote de Ifá, y cuado observaba a un hombre tratando de imponer sus ideas gitando y no dejando hablar a nadie pues todo lo sabe, siempre se acordaba de Orunmila " Cuanto mas vacía la carreta, mayor es el ruido que hace "

Fin de la historia

Este relato, el cual es extraño a Ifá, merece estar en uno de los signos contenidos en sus carpetas, ¿en cual lo pondremos? ¿Ogundafun? ¿Obarashé? o en cualquiera de los signos que habla de la soberbia; pero lo cierto es que esta historia no es original de Ifá, pero se adapta claramente a muchas de las aristas negativas descritas por los signos de Ifá; entonces ¿qué le impide a un sacerdote de su país, construir sabias historias que dejen una enseñanza? Estamos de acuerdo en que no todos tendrán esa capacidad, pero estoy seguro que más de uno está preparado para ello.


Rubén Cuevas
Awó Ojuani ni Shiddí
 
 

Ifá y la espiral de Fibonacci (parte II)

La casualidad no existe, pues si existiese, entonces no existiría la ley causa-efecto y esa es precisamente la que rige los oráculos en la religión yoruba. Como dijo " Max " el protagonista del filme " Pi " todo obedece a un modelo en la naturaleza; sin embargo a veces el modelo subyace escondido entre los números y el ciclo aparentemente no puede ser visto por el ojo humano, pues es demasiado grande, y es allí donde entonces surge el concepto de número aleatorio y palabras como suerte, azar o milagro.

Lo cierto es que Fibonacci para demostrar la sucesión de números que describió, realizó un experimento con la cria de conejos; pero en este escrito, seguramente muchos no sabrán hacia donde saltará la liebre, así este " salto del conejo " obedezca a un patrón o modelo. Las energías bipolares de los signos de Ifá son sucesos dependientes, lo que quiere decir que para que puedan manifestarse los Omolúos de cualquiera de los mellis, estos deben haberse manifestado primero, es decir existe una secuencia lógica; por ejemplo no pudo manifestarse Ogbe Funfunló, si antes no se manifestaron además de Baba Ejiogbe, los restantes 15 mellis; por eso las energía bipolares de Ifá son acumulativas y pueden representarse por medio de la espiral de Fibonaccí.

La espiral de Ifá es finita y termina en 4,6 x 10 52, sin embargo es demasiado grande para ser representada completamente con los números naturales en un gráfico, a menos que se use una escala logarítmica exponencial. Ahora si por un momento pensamos, que podemos escribir las historias mitológicas sobre la manera en que se manifiestan en el hombre las energías bipolares de los signos de Ifá, empezaríamos con las dos primeras en Babá Ejiogbe (una en Iré y otra en Ossobo) y cuando lleguemos a Ofunshé el número de historias debería coincidir con el último número de la espiral de Ifá, el cual me vi en la obligación de expresarlo en forma exponencial por ser demasiado grande, es decir 4,6 x 10 52 a lo que equivaldría la asombrosa cifra de:
458.530.826.114.151.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000 de historias.

Pero llegó el momento de citar las palabras de Wande Abimbolá.

Cito:

El corpus literario Ifá, llamado odu, consta de 256 partes subdivididas en versos llamados ese, cuyo número exacto es desconocido porque están en constante aumento ( hay alrededor de 800 ese por odu ). Cada uno de los 256 odu tiene su firma adivinatoria específica, que es determinada por el babalawó, quien utiliza nueces de palma sagradas y una cadena de adivinación. Los ese, considerados como la parte más importante de la adivinación Ifá, son cantados por los sacerdotes en un lenguaje poético. Estos versos reflejan la historia, la lengua, las creencias, la cosmovisión de los yorubas y también las cuestiones sociales contemporáneas. El conocimiento del Ifá se ha preservado dentro de las comunidades yorubas y se ha transmitido entre los sacerdotes Ifá.

Fin de la cita

Aunque el mismo Abimbolá afirma que el número de " eses " o historias es desconocido pues crecen en número constantemente, da un aproximado de 800 por signo, lo que sería 204.800 historias y todas ellas enmarcadas en el contexto social, geográfico y cultural de los yoruba; no obstante le pido al lector que compare estos dos números (el que da Abimbolá y el resultante de la espiral de Ifá) y que trate de imaginarse la sección del arco de circunferencia en la espiral de Ifá, que 800 historias o versos por signo ocuparían; aquí debo hacer una pregunta obligatoria ¿Cuantas historias mitológicas tiene la diáspora africana? La hipótesis del suscrito, es que el sistema del oraculo de Ifá, fue creado en algún momento del siglo VII cuando los reinos yoruba alcanzaron la edad del hierro y su máximo esplendor (Oggún era ampliamente venerado); pero insisto es solo una hipótesis, surgida de las mentiras absurdas de que el oráculo de Ifá tiene diez mil años sobre la tierra.


Rubén Cuevas
Awó Ojauni ni Shiddí






 
 

Ifá y la espiral de Fibonacci (parte I)

Un interesante comentario intradiegético, es narrado por el protagonista “Max” en el filme de Darren Aronofsky “Pi (fe en el caos)” y reza:



La una menos cuarto reitero mis sospechas.


  1. Las matemáticas son el lenguaje de la naturaleza.
  2. Todo lo que nos rodea se puede representar y entender mediante números.
  3. Si se hace un gráfico con los números de un sistema se forman modelos.
  4. Estos modelos están por todas partes en la naturaleza, pruebas: el ciclo de las epidemias, el aumento y disminución del número de Caribus, el ciclo de las manchas solares, las crecidas del Nilo y la bolsa, una infinidad de números que representa la economía global.

Leonardo de Pisa, fue un matemático italiano del siglo XIII, que describió en Europa una sucesión de números y la llamó de Fibonacci (ya esta operación matemática se conocía en la India), la cual consta de una serie de números naturales llamados de Fibonacci y que forman una sucesión hasta el infinito. Eg 0, 1, 1, 2, 3, 5, 8, 13, 21, 34, 55, 89, 144, 233…. donde cada término es el resultado de la suma de los dos anteriores. Con estos números se pueden construir cuadrados, cuyos lados son los números de la sucesión de Fibonacci y que unidos formarán rectángulos, pero si se dibujan arcos de circunferencia uniendo los vértices opuestos de cada cuadrado, se obtendrá un modelo llamado la espiral de Fibonaccí, la cual está presente en la naturaleza; la encontramos en la forma de las galaxias, en la circulación general de la atmósfera, los huracanes, los tornados, en el nautilus del período jurásico, en las rosas, girasoles y margaritas, en los remolinos de las aguas turbulentas y en todo fenómeno que genere una contracción o expansión. Según los estudios científicos de Zexian Cao y sus colegas de la academia de ciencias de China, este modelo se produce en la naturaleza para minimizar la tensión entre dos opuestos.



El sistema oracular de Ifá está constituido por 256 signos que son representados mediante números, por lo tanto constituyen un modelo. Si se considera que las energías contenidas en los 16 mellis de Ifá (signos gemelos) son bipolares (Iré y Ossobo) y que son acumulativas al combinarse entre ellos para generar los Omolúos (los 240 signos restantes) se puede obtener una sucesión de números en Ifá: 2, 4, 6, 10, 16, 26, 42, 68, 110…pero a diferencia de la sucesión de Fibonaccí la cual es infinita, la de Ifá es finita y termina en 4,6 x 10 52, no obstante se puede construir una espiral que lo represente. El sistema de oráculo del diloggún (caracol), el cual está subordinado al de Ifá, pero que en esencia las energías emanadas de sus signos provienen de la misma fuente, poseen la misma sucesión de números, pero la espiral es menor que la de Ifá y termina en 1,8 x 10 29 ; resulta interesante que el número de caracoles del mensajero de los Oshas (Elegüá), sea 21 y que en el oráculo del diloggún, al estar limitado por el signo de Osha “Eyila Sheborá”, la combinación de los signos arroje el número 144, ambos dígitos naturales de la sucesión de Fibonacci.





Rubén Cuevas
Ojuani ni Shiddí




 
 

El pasado astrológico de Ifá (parte VI)

Mucho tiempo pasó desde que pude interpretar correctamente mis Itá, pues uno generalmente deja en manos de los sacerdotes mayores esa responsabilidad; y es que muchas veces pensamos ingenuamente, que aquellos que se suponen guías espirituales de uno, actuarán sin prejuicio o sin apego a interés alguno; sin embargo ante preguntas esenciales y profundas de lo expresado por los Oshas y Orichas en mi Itá, muchas veces se me respondía con evasivas, interpretaciones absurdas o manipulaciones en arreglo al beneficio comercial que se pudiera obtener de ello; ante la requisitoria para solucionar un aspecto de mi Itá, siempre la respuesta era recibir otro atributo, o un sacrificio u ofrenda a los Dioses Yoruba.


Relataré dos ejemplos para ilustrar lo que quiero decir. En el Itá de Elegüá, este recomienda que olvide mi pasado y comience una nueva vida; sin embargo inmediatamente me vino a la memoria la frase "el hombre que olvida su pasado, está condenado a repetir los mismos errores"; también el mensajero de los Dioses yoruba, insistió en un cambio en mi carácter, para convertirme en una persona más tranquila y alegre. Ante la falta de coherencia y multiplicidad de interpretaciones de otros sacerdotes yoruba, al suscrito no le quedó otro remedio que indagar en el cielo astrológico, y esa fue la única forma de interpretar el mensaje de Eleggüá, el cual se reveló correctamente y sin ambigüedades. En la casa astrológica I de mi carta natal (la de la personalidad), está emplazada la cola del dragón, es decir mi nodo lunar Sur en el signo de Cáncer; signo que precisamente es el de los recuerdos, la memoria, el apego al pasado inmediato y la conciencia histórica de los pueblos a través del sentimiento de pertenencia. Pero entonces ¿Cómo me pide Eleggüá que olvide el pasado, en un signo que me estimula al apego hacia el? La cola de dragón define las conductas aprendidas en la vida anterior y que infelizmente tratamos de repetir en esta vida y frenan nuestra evolución, ese es el pasado que me pide el Osha que olvide, el “kármico” (el cual figura en mi mapa natal personal), no el pasado inmediato; es por eso que se agrega en el Itá de Eleggüá, que debo cambiar el carácter para lograrlo. Resulta interesante señalar los cambios bruscos de humor de los que portamos el signo Cáncer en el ascendente y que muchas veces nos obliga a tomar decisiones desacertadas y dolorosas producto de ese pésimo estado de ánimo (conducta muy frecuente en mi vida anterior).


En el Itá de Ifá figura una advertencia "cuídate de las hijas de Oshún, son tu destrucción" y más adelante una sentencia en lenguaje folklórico "Oshún te dará palo, así que debes respetarla y quererla mucho". Este segundo ejemplo igual me puso a dudar, en el primer caso, es posible que me pueda cuidar de las hijas de esta Diosa si conozco su ángel de la guarda, pero a todo ser humano lo gobierna y regula una energía de un determinado Osha; entonces ¿cómo haré, para huir de las hijas de esta Diosa en un contexto no religioso? Este segundo caso me resulta mas anormal aún; ¿Qué clase de respeto y amor se le puede profesar a Oshún si solo me dará palo?, sinceramente creo que solo se daría en un marco sadomasoquista o en una relación enfermiza.

Al revisar el cielo en busca de los aspectos y condiciones del planeta fuente de las energías de Oshún, pude encontrar una respuesta más clara a la advertencia y a la sentencia de los sacerdotes de Ifá. Mi Venus se encuentra en el signo de Escorpio, signo de agua (símbolo de las emociones y sentimientos) y asociado por los astrólogos antiguos con el planeta Marte (Dios de la guerra y arquetipo de Oggún en la religión yoruba) y por los astrólogos modernos con Plutón, el Hades (Dios de los infiernos y la muerte); a estas condiciones nada halagadoras, desarrolladas en un signo que representa el sexo, la muerte y la guerra, y donde las energías del planeta Venus se tornan perversas, se le suma otro aspecto negativo, una conjunción con Saturno (Orunmila), planeta del destino y que origina fuertes contracciones en el área donde actúa. Este gigante llamado por los antiguos el maléfico mayor, inhibe las energías de Venus, para que las bondades del planeta fuente de las energías de Oshún, sean suprimidas en gran medida sino completamente y que el sacerdote de Ifá interpretó a su manera "una parranda de palo de parte de la Diosa"; esto resultó cierto, pues en el ejercicio religioso yoruba, fueron muchos los problemas que los atributos de mi Oshún le resolvió a los que venían en busca de su ayuda, amén de que algunos de esos problemas los padecía también el suscrito y sin embargo me negó la solución a ellos, a pesar de ofrecerle lo que tenía y lo que no tenía.Pero allí no termina todo, otro aspecto astrológico negativo se suma a las condiciones adversas de las energías de Oshún en el cielo; para más desgracia “Lilith” (Luna negra) vino a condimentar la conjunción de Venus y Saturno, aspecto que fundamenta la advertencia "cuidado con las hijas de Oshún"


Rubén Cuevas
Awó Ojuani ni Shiddí




 
 

El pasado astrológico de Ifá (parte V)

La primera letra de Ifá (Babá Ejiogbe), posee una frase que generalmente pasa desapercibida para el sacerdote "El maestro de la respiración", ella describe el ciclo de las semillas sagradas de Ifá. El hombre tiene en su vida tres respiraciones esenciales, la primera que se inicia con el nacimiento y finaliza a los 28 años, este ciclo que comprende el primer retorno de Saturno (Orunmila), es donde el hombre convive con su entorno familiar y comienza su aprendizaje para posteriormente desenvolverse en la sociedad. La segunda respiración va desde los 28 años hasta los 56 años, es el segundo retorno del planeta, durante esta etapa el hombre se desprende de su familia para fundar la suya; aquí se dedica casi completamente a la interrelación con la sociedad a través de su profesión u oficio; finalmente la última respiración llega con el tercer retorno de Saturno, el cual dura hasta los 84 años aproximadamente; durante ese último período el hombre se dedica a la búsqueda de la espiritualidad, y un rasgo importante de este lapso, es que el centro de gravedad primario que nace con el hombre (el cual está ubicado en la cabeza) y que es donde se realiza la iniciación en la Osha, migra naturalmente al lugar donde se recibe a Ifá; por eso cuando se le hace Ifá a una persona menor de 56 años, solo se está forzando al centro de gravedad primario, para que así el iniciado adquiera las características del eje de la conciencia (Ifá) y se dedique a la búsqueda de la espiritualidad más temprano (antes de los 56 años); caso distinto es el eje del poder, que representa la conexión del cielo con la tierra y rige la Osha, el cual se ubica en el primer centro de gravedad (la cabeza).


La sumatoria de los tres ciclos vitales del hombre da 84 años, y corresponden al ciclo del planeta Urano (Eshú), el cual es el encargado de que el destino del hombre marcado por Saturno (Orunmila) se cumpla; si la persona no lo cumple en ese tiempo, generará inevitablemente “deuda Kármica” para su próxima existencia. Por eso resulta interesante la tesis de Adrían de Souza, el cual asegura que el equilibrio dinámico de la religión yoruba está determinado por estos dos Orichas (Orunmila y Eshú), pues mientras uno conserva la vieja estructura del universo, el otro trata de destruirla para implantar lo nuevo.


Finalmente, se debe resaltar la sabiduría que tuvieron los sacerdotes ancestrales de Ifá al crear dos oráculos en la religión yoruba y que pueden ser manejados de acuerdo a la iniciación y grado de conciencia del iniciado. Lo que ve el oráculo del caracol son las energías personales en el hombre; representan los ciclos más cortos de las energías planetarias, aquellas que provienen de los planetas interiores a Saturno y cercanos al Sol. Lo que mira Ifá son las energías transcendentes, la de los planetas que se encuentran más allá de Saturno, esas cuyas energías son tan sutiles, que para percibirlas es necesario poseer un grado de conciencia espiritual elevado. Cada persona se desenvolverá o fluirá con su destino con el predominio de una energía planetaria en particular y el tratar de determinarla con el oráculo del caracol es simplemente un ejercicio de probabilidades y solo demuestra un desconocimiento de la herramienta que maneja, pues este oráculo no tiene la capacidad para ver en el colectivo debido a lo corto de sus ciclos (el máximo dura solo 12 años); así que resulta un absurdo que sacerdotes de Osha determinen el Oricha tutelar o ángel de la guarda con el caracol de Eleggüá, ya que las tres edades del hombre solo las puede ver el binomio Orunmila-Eshú.





Rubén Cuevas
Awó Ojuani ni Shiddí






 
 

El pasado astrológico de Ifá (parte IV)

Resulta muy interesante y curioso que la religión yoruba cuente con dos oráculos: el caracol o diloggún y las semillas sagradas de Ifá o adelés; aunque los signos a interpretar tienen el mismo origen, es necesario iniciarse como sacerdote en la Osha para usar el primero e iniciarse en Ifá para interpretar el segundo; no obstante el rabioso comercialismo y el egoísmo de algunos sacerdotes han tratado de separarlos, pero la verdad es que son un solo oráculo pero con diferente gradación en la interpretación. En la astrología existe un planeta que marca la frontera entre lo personal y lo transpersonal (más allá de los límites de lo personal), entre lo individual y lo colectivo; ese planeta se llama Saturno, es el Dios griego Cronos, sólido arquetipo de Orunmila en la religión yoruba; es el planeta que contiene el destino del hombre; el resto de planetas, planetoides y asteroides que se encuentran más allá del gigante con anillos (transaturninos) son los Dioses que corresponden a Ifá; Eg. Urano (Eshú), Neptuno (Olokun), Quirón (Osaín), Plutón (Ikú) . Los planetas personales como el Sol (Shangó), Mercurio (Eleggüá), Venus (Oshún) , Luna (Yemayá), Marte (Oggún) , Júpiter (Obbatalá) junto a otros planetoides y/o asteroides que se encuentran en las órbitas interiores a Saturno, son los que corresponden a los dioses del panteón yoruba en la Osha.

De esta organización se desprenden muchas de las reglas para el manejo de ambos oráculos en la religión, las cuales se establecieron y luego fueron justificadas en las historias mitológicas. Pondré un ejemplo muy real y práctico en el contexto de mi experiencia como sacerdote yoruba. Algunos signos de Ifá contienen las razones del porqué Orunmila es quien determina el llamado ángel de la guarda u Oricha tutelar y que en astrología se denomina planeta regente; pero muy pocos conocen las razones reales para ello; cada Oráculo contiene sus propios ciclos y ellos están basados en los períodos de los planetas; es un error grave determinar el Oricha tutelar con el caracol de Eleggüá, pues el período del planeta Mercurio (fuente de las energías del Oricha) es de un año y todos los sucesos que se señalan con su caracol están comprendidos en ese período, amén de que Mercurio (Eleggüá) no contiene el destino del hombre.

Otro ejemplo significativo, es la limitación que tiene el sacerdote de Osha para leer hasta la letra Eyila Shebora. Para comprender esto, debemos olvidarnos un momento de la historia donde Orunmila tomó por sorpresa a Yemayá consultando con el Ókpele; este relato es el resultado del desprestigio hacia la mujer en la religión, pues realmente la letra número doce corresponde al ciclo más alto del caracol (12 años) y el cuál pertenece a Obbatalá (Júpiter); pero ni modo que la religión aceptara, que el mayor de los Oshas le faltara el respeto a Orunmila, así que la responsabilidad recayó sobre Yemayá, arquetipo de la Luna; por cierto, planeta de género femenino con las inmejorables características y condiciones para la adivinación y que el sacerdote de Osha e Ifá activa para recibir los mensajes del inconciente colectivo (memoria de los ancestros); es decir las energías de esa Diosa permite tener acceso a la memoria colectiva del hombre, fuente inagotable de sabiduría.

Es posible que a raíz de la perdida de la supremacía de la mujer en la religión y la imposición del principio de generación masculino por el hombre, el caracol de Eleggüá se convirtiera en el vocero de los Oshas, cumpliendo así su papel de mensajero de los Dioses; sin embargo el caracol de Yemayá, sólido arquetipo del satélite natural de la tierra (la Luna), posee un ciclo más corto que el de Eleggüá (28 días), amén de un aspecto sumamente interesante, pues este caracol si es bien manejado, es capaz de describir el “ Karma ” inmediato pasado de la persona; esto tiene como base la órbita lunar y los denominados nodos lunares, comúnmente llamados la cabeza y la cola del Dragón; también los deseos reprimidos y descontrolados en la persona se representan en el apogeo y el perigeo de la luna, denominados Lilith (Luna negra) y su opuesto Priapo. Es posible que los signos arrojados en un Itá de Yemayá, contengan la información antes descrita, esto por supuesto requiere de mucho estudio.


Rubén Cuevas
Awó Ojuani ni Shiddí
 
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