La flor de vida de Obbatalá

"Dedicado a mi esposa, bastón de luz en mi vida"



El embrión de la semilla de la destrucción en la religión yoruba, se manifiesta hoy en día a través del fetichismo; este último producto de un amargo coctel de fundamentalismo, pérdida del conocimiento ancestral e ignorancia supina de muchos de los que practicamos esta religión. Palabras como politeísmo, paganismo y brujería, la mayoría de ellas acuñadas por las tres grandes religiones monoteístas para descalificar el culto a los Orishas, infelizmente se han enquistado en la mente de neófitos, iniciados y sacerdotes yoruba por igual, lo que ha generado un peligroso viraje del pensamiento filosófico yoruba hacia el panteísmo. Pruebe usted y pregunte a cualquier adepto a esta religión: ¿Dónde se ubica la fuente de las energías de cualquiera de los Dioses yoruba? Seguro se asombrará con las respuestas que recibirá; es común que se crea que Oshun vive en el río y que de allí provienen sus energías; que Yemayá viva en el mar y Shangó en una palma. Eso es más grave de lo que parece a simple vista, pues nos indica hasta que punto el mal uso y la falta de un enfoque serio de la mitología yoruba, ha ocultado la causa primordial, es decir, la que subyace debajo del culto a los Orishas y que solo puede ser localizada en lo que llamamos despectivamente paganismo. Lo cierto es que no resulta fácil recuperar el antiguo paganismo que contenía los secretos de la religión yoruba; sino trate usted de emprender la titánica tarea de convencer a los que profesamos esta religión, de que Obbatalá no es el Nazareno y que la fuente originaria de sus energías, no están localizadas en el Gólgota o en los templos católicos (Obba Moró), sino que están ubicadas en el cielo, en uno de los planetas de nuestro sistema Solar. Confundir la causa con el efecto no es el único problema con los actuales sacerdotes de la religión yoruba; el desconocimiento de las leyes que rigen el universo y a cada uno de los Dioses yoruba, la falta de un análisis profundo de los códices de Ifá (sean de la diáspora africana o de la tradicional yoruba), es una amalgama pesada que repercute en la elaboración de los Itá elaborados por los religiosos Yoruba. No exagero cuando afirmo que el sacerdote yoruba que no conoce el Oráculo que maneja, se convierte en un serio obstáculo para el desarrollo espiritual de los demás, pues su falta de conocimiento, puede entorpecer la interpretación del destino de los iniciados en esta religión, y cuya espina dorsal, es describir el destino personal del hombre en la tierra, para que se pueda alinear con él y con ello lograr el tan buscado crecimiento espiritual. Muy pocos sacerdotes yoruba conocen las fuentes originarias que irradian las energías de los Dioses yoruba, pero cuando se logran identificar, inmediatamente se comprende que estas energías (al igual que todo en el universo) tiene un ciclo, el cual cambiará inmediatamente la visión errónea que se tiene de los Itá yoruba y que se cree por lo general, que son para toda la vida. Cada uno de los Dioses yoruba tiene un ciclo, el cual se asemeja a una “flor de vida”.


La flor de vida de Obbatalá, florece en un arco de tiempo de ochenta y cuatro años (84), es decir desde que nace la persona, hasta que cumple la edad máxima de la cual dispone para alinearse con su destino en la tierra. El ciclo completo de las energías de Babá duran doce (12) años, y dentro de cada ciclo nace un pétalo de la flor. Si el hombre logra vivir hasta la edad de ochenta y cuatro años (84), siete (7) pétalos tendrá la flor de vida del padre de todos los Oshas. Cada ciclo de Obbatalá se inicia y termina en la base de la flor, es decir en el tálamo, y cada pétalo engloba dos (2) tensiones máximas y una polarización extrema de las energías de Obbatalá. La primera tensión es muy destructiva (Osogbo) y se ubica en la mitad del borde izquierdo del pétalo. La polarización extrema se genera en el borde exterior del pétalo y se manifestará según la capacidad de cada individuo para conciliar los opuestos (Iré u Osogbo). La segunda tensión (osogbo) se localiza en la mitad del borde derecho del pétalo; esta tensión al contrario de la primera se caracteriza por ser constructiva, ya que la persona aprende la lección debido al dolor y el sufrimiento que le generó la primera tensión. Finalmente las energías de Obbatalá vuelven al tálamo de la flor para iniciar un nuevo ciclo. Los espacios en blanco entre los pétalos de la flor, corresponden a las distensiones, donde las energías de Baba son amigables y nos favorecen (Iré).


Para que el lector tenga una idea de la acción de las energías de Obbatalá en función de la edad del hombre y de las tensiones que genera con su flor de vida:


Edad

3

6
9
15
18
21
27
30
33
39
42
45
51
54
57
63
66
69
75
78
81
Tensión (D)
Polarización
Tensión (C)


Es necesario aclarar, que la posición estelar del planeta fuente de las energías de Obbatalá, y su interacción con la fuente de otras energías de los Dioses yoruba, son las que determinan el área en que se desenvolverá el Itá de Babá. Un indicio de ello lo da el número que se obtiene con el caracol de Obbatalá en el lavatorio, el cual está relacionado con las características y aspectos de la posición zodiacal de donde parten las energías de Babá y que se concretarán en sus consejos en el Itá. Sin embargo, un Itá no es cosa sencilla, los sucesos y sentencias que se describen mediante los signos arrojados por el caracol de Babä, tienen tres niveles que son diferentes entre si en cuanto a su interpretación. El primer nivel describe los sucesos cardinales, es decir los esenciales, donde el sujeto del Itá deberá concentrar sus esfuerzos y que ningún sacrificio a los Dioses yoruba, a no ser el del ego, lo ayudará para alinearse con su destino; generalmente el secreto para resolver está en un cambio de conducta, pues estos sucesos son de origen kármico. El segundo nivel narra los sucesos fijos, es decir aquellos que regresarán en forma recurrente, hasta que el individuo los enfrente y les de solución práctica; generalmente basta con un cambio en la filosofía del pensamiento, pues estos conflictos tienen como centro de gravedad la enseñanza y la templanza del carácter. Finalmente el tercer nivel concentra los sucesos mutables y que generalmente culpamos al destino, a la mala suerte o a los demás por su ocurrencia, y que en realidad nos pertenecen, pues son consecuencia de nuestros propios actos en la vida.


Lo que si puedo asegurarles, es que todos esos sucesos se desenvolverán en el arco de tiempo correspondiente al ciclo de cada Dios Yoruba, en este caso 12 años (ciclo de Obbatalá). El suscrito se consagró como sacerdote de Osha (Shangó) cuando tenía cuarenta y dos años (42), las energías de Obbatalá se encontraban completamente polarizadas en ese momento; hace poco cumplí 55 años y han pasado trece años ya desde que me hicieron el Itá de Obbatalá, y sus energías transitan actualmente hacia una tensión constructiva; creo que es tiempo para un nuevo Itá, donde Babá me señale el camino para los próximos doce años (si consigo vivirlos) a través de los signos que arroje su caracol.


Rubén Cuevas
Olúo Ojuani ni Shiddí