Mercurio avanza y mi vista retrograda....

Orunmila si es tu voluntad dejarme ciego, la acepto; pero no me muestres la razón por la cual debo quedarme invidente.



Hoy Mercurio deja de retrogradar en el cielo y mi vista se sigue deteriorando producto de una enfermedad incurable, pero aún así, Orunmila me obliga a presenciar, como un sacerdote de Ifá se atreve a dirigir ceremonias de esta religión sin estar calificado moralmente para ello, y solo para que yo pueda ver como se degrada aún más a Ifá con la inadecuada conducta de uno de sus sacerdotes. Dirigir una ceremonia de mano de Orunmila consumiendo bebidas alcohólicas; derribar el Osun sobre el tablero de Ifá porque se está ebrio, lanzar Ifá al piso en el conteo de Orunmila, incomodarse porque un sacerdote habla Ifá en forma integral y esto según él que dirige retrasa la ceremonia; confundir los signos de Ifá al hablar, porque ya se tienen varias cervezas encima; molestarse porque Ifá determinó un Orisha tutelar diferente al de su capricho; no querer aceptar la posición de un Olúo mayor que le dio a su esposa posición en Ifá; tratar despectivamente a los sacerdotes de Osha; recomendar el pase directo a Ifá, despreciando el asentamiento de Osha del ángel de la guarda de la persona; irrespetar a la esposa del dueño de la casa donde se realizó la ceremonia, reclamándole en forma altanera, pues al finalizar el trabajo sacerdotal no había arroz en la mesa (a pesar de que habían cinco diferentes platos para escoger, y con el agravante de que la doña se metió en la cocina desde la mañana hasta el anochecer para que todos estuvieran bien atendidos); gritar como un patán durante la fase final de la ceremonia porque se fue la luz, evidenciando así los efectos del alcohol consumido durante el día; ofender en el acto sagrado de entrega de los atributos religiosos, no solo a sus ahijados de Ifá, sino tratando irrespetuosamente al Olúo, que lo invitó a su casa a dirigir la ceremonia yoruba, y encima aprovecharse de su inexperiencia dirigiendo plantes de mano de Orunmila, pues como es europeo y todas sus ceremonias se las hizo en Cuba (solo tiene nueve meses en el país), cada vez que este Olofista le sugería algo, ese sacerdote de Ifá bocón le respondía: “estamos en Venezuela no en Cuba”, haciéndole creer que nosotros practicamos algo ajeno a lo que se practica en Cuba. Pero lo mejor de todo, es que el suscrito y el Olúo europeo le llevamos nada menos que seis años de Ifá a este mal sacerdote yoruba. El dueño de la casa no quería conflictos y así me lo hizo saber, para que bajo ninguna circunstancia le llamara la atención al que dirigia la ceremonia; inclusive este Olúo me lo advirtió antes de iniciar el plante, pues traté de orientarlo sobre como se hacían las cosas en Venezuela; infelizmente él se mostró más preocupado por mantener la paz en su casa, y esto me decepcionó, pues lo que ocurrió en ese plante de mano de Orunmila, será la visión inicial que tendrá él y su familia de la mecánica de la religión yoruba en Venezuela.




Mi apeterví ayafá fue otro factor para que no le reclamara a ese sacerdote inmoral en plena ceremonia, y es que a pesar de que ese animal en dos patas la maltrató en mi presencia, ella prefirió obviar las ofensas, pues mi cuñada estaba recibiendo Ikofá en ese mismo plante; pero con toda intención ese monigote de Ifá, se atrevió a sugerirle a mi esposa que atendiera la mesa del desayuno de los awoses el día del Itá, pero luego en la noche y a la hora de la entrega de los atributos de Ifá a los iniciados la mando a perder, pues era solo una santera. Será que este ebrio no quería que mi esposa presenciara el espectáculo bochornoso que dio ante los que recibían los atributos de Ifá cuando se fue la luz; pero lo cierto es que mi esposa me tranquilizó y me sugirió que no le reclamara nada al individuo para no caer al nivel de ese patán, y es que este imbécil estaba sumamente molesto desde un principio conmigo, pues mi esposa tiene la ceremonia de apeterví ayafá, y al momento de limpiar a Ifá la introduje en el cuarto ceremonial para que realizara su tarea adecuadamente. Eso trajo como consecuencia una serie de intrigas no solo entre el borracho y sus ahijados, sino con las señoras que llevaron como parejas o novias los awoses al plante, las cuales no tendrán nunca la opción de obtener esa posición ante Ifá, pues la línea misógina ejemplificada por su padrino, les cortará la oportunidad a las parejas o esposas de sus ahijados de tener una posición digna ante Orunmila. Finalmente me tuve que sentar nuevamente a la mesa con los sacerdotes de Ifá para cenar; le di claras instrucciones a mi apeterví, para que no volviera a servir la mesa; el borracho no se atrevió a llamarla otra vez, pues mi rostro y mi silencio ya denotaba que la mecha estaba encendida; espere paciente el desenvolvimiento de la conversación de ellos y llegó el momento cuando expresaron que todo había salido bien en el plante; en ese momento les pregunté: ¿Cuántas personas del plante vinieron en Ossogbo? Y respondieron: Siete (y fueron diez los que participaron) y entonces les solté lo que resumía lo inadecuado de esa dirección: “Yo no hubiera dejado ir a la calle a esas personas en Ossogbo” Les hubiera hecho un ebbó de limpieza (apayerú), todos quedaron en silencio, me levanté de la mesa y me despedí del Olúo español y de su señora, le di las gracias a ambos por su excelente hospitalidad (también me despedí del borracho y de sus ahijados), recogí mis cosas; mi esposa y yo levantamos a Orunmila después de contarlo nuevamente, y cuando me despedía de los que asistieron al plante, mi cuñada solo atinó a escuchar al ebrio afirmando: “Que nunca les había pasado nada por no hacer limpiado a los iniciados al final del atefá” Pero yo tenía otra opinión, aún quedaba más de una caja de cerveza por consumir y eso era más importante que terminar adecuadamente la ceremonia de mano de Orunmila. Al llegar a mi casa le hice el ebbó apayerú a mi cuñada, finalizando de esa manera la entrega de los atributos de Ifá que recibió.


Rubén Cuevas
Olúo Ojuani ni Shiddí