El Iyaworaje del Awó
Aunque el vocablo “Iyaworaje” no existe en el idioma Yoruba; en el argot lingüístico del santero criollo se denomina “iyaworaje” al periodo de tiempo durante el cual el Òrì s à (Santo) pone a prueba a su omó (hijo-a) luego de hacer su kari Osha (hacerse Santo). Muchas son las anécdotas que se corren de padrinos a ahijados al respecto de las dificultades y las angustias llevadas estoicamente por los Iyawo en su primer año de iniciación. Sin embargo, aunque este término no es utilizado en teoría al pasar a Ifá, en la práctica cada Babalawo pasa por un período de dificultades y pruebas que en la mayoría de los casos dista mucho de limitarse al primer año. Las razones de este Iyaworaje de Ifá son muy simples de explicar, pero muy difíciles de asimilar.
La formación de un Babalawo en la “antigua” tradición yoruba comenzaba aproximadamente a los siete (7) años cuando el niño se convertía en Omofá, permaneciendo al servicio del Babalawo quien le enseñaría el arte de Ifá durante los siguientes 7 o 10 años. Este Omofá trabajaba las tierras de su Oluwo, limpiaba su casa y prácticamente se convertía en su esclavo, a cambio de la comida y… los conocimientos que el Babalawo le transmitía sobre el arte de la adivinación (Dafá), hasta que consideraba que había alcanzado suficiente preparación y que había pagado con su trabajo por los conocimientos y su ordenación como sacerdote de Ifá (Awo ó Babalawo). Es importante destacar que durante este periodo de seudo esclavitud el Omofá tenía oportunidad no solo de aprender el contenido del corpus Ifá sino también de nutrirse con la interpretación y la experiencia de los mayores de la comunidad, es decir, forjar criterio y ganar experiencia sobre los problemas humanos.
Las circunstancias que acompañaron la transformación de la religión cuando los sacerdotes yoruba fueron llevados como esclavos principalmente a Cuba, y el posterior desarrollo social y familiar del ser humano que cambió la vida social alrededor de la familia agrícola a la vida social industrializada como tal, han obligado a cambiar el pago de la iniciación a moneda de curso legal en lugar de años de sacrificio. Sin embargo, aun cuando saldan su deuda con el padrino, entran ahora a la casa de Orunmila a servirle mediante su sacrificio, por los conocimientos que este le ayudará a encontrar y las experiencias que le permitirán imprimirle una interpretación adecuada a los pataki (parábolas) de Ifá.
Es sencillo para los Babalawo o para cualquier Olòrì s à decirle al paciente: usted tiene un problema “X” y debe hacer Ebo con toda una lista de animales y objetos para desviar los obstáculos externos. Lo realmente difícil es ponerse en los zapatos del paciente y guiarlo por un sendero que lo ayude a cambiar internamente un patrón de conducta adquirido durante su niñez, heredado de una vida anterior o producto de un vicio cuando no se tiene la experiencia necesaria para saber que siente esa persona internamente por no haber tenido la oportunidad de vivir la misma experiencia.
Como ejemplos, aunque no sean los más idóneos les ofrezco los siguientes:
Es mas probable que un enfermo de alcoholismo obtenga ayuda y mejore asistiendo a un centro de “Alcohólicos Anónimos” con personas que hayan podido superar su enfermedad con anterioridad que con un sacerdote que jamás haya probado una gota de alcohol en su vida o que solo se embriague los fines de semana.
Es más fácil que un psicólogo experimentado ayude a una persona introvertida a expresar sentimientos que pueden desencadenar una enfermedad a futuro, que una persona quien, por extrovertida, no sabe ni siquiera cerrar la boca cuando no debe hablar.
Orunmila es el Òrì s à sobre quien descansa el peso del destino humano. El Babalawo o sacerdote de Orunmila es su representante ante los demás seres humanos y por tanto, lleva sobre sus hombros la misma responsabilidad para con sus ahijados, e incluso para con sus clientes. Dice el Odu Ejiogbe que el escalafón de Ifá lleva a cada quien al lugar que por sus meritos le corresponde, ello se traduce en que no todos los sacerdotes de Ifá son sometidos a las mismas pruebas o experiencias, pues ello depende de sus meritos y también de las metas que ha de cumplir como sacerdote en el plano tierra.
Esta es la parte que se hace difícil asimilar, pues es sencillo ver la paja en el ojo ajeno pero resulta muy difícil ver la viga que se tiene ante los ojos propios. Aquellos que acostumbran a inculcarles a sus ahijados que haciéndose Ifá van a resolver todos sus problemas, deben también hablarles de las vicisitudes que ellos mismos tuvieron que atravesar. En tierra Yoruba, aquel que no tenía suficiente coraje para enfrentar la vida en pos de la sabiduría podía retirarse antes de ser ordenado sacerdote de Ifá y esto no se reducía a una simple ceremonia de 20 minutos sino que se prolongaba todos y cada uno de los 7 o los 10 años que duraba el entrenamiento. Sin embargo hoy en día podemos observar como muchos, ante la primera adversidad o prueba impuesta por el Òrì s à, prefieren el camino fácil y mas temprano que tarde olvidan el juramento hecho ante Olofin (Dios) por el bien de la humanidad. Existe un patakí en el Odu Ogbe O s é donde Olofin le pregunta al loro ¿Hijo, que camino vas a escoger en está vida que vas a empezar? El loro le contestó: “Padre, voy a escoger el difícil”. Por ello Olofin bendijo a loro y lo hizo rey, por su valor y su humildad.
La sabiduría es la belleza mas refinada que posee una persona. El camino de Ifá contiene la sabiduría del universo pero esta lleno de escollos devastadores. Orunmila (Ogbe Yonu, Ogbe Suuru) recomienda a todos sus sacerdotes y a los hombres en general, que cultiven la paciencia y la perseverancia pues no hay dificultad ni brujería más poderosa que estas dos virtudes.
José Luis Fernández
- Publicado: 1/3/2010, 9:35 am GMT
- En: Mis abures escriben
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